El juego compulsivo es un desorden progresivo que causa deterioro en todas las áreas de la vida de una persona – psicológica, física, social y vocacional.
Para poder comprender el juego compulsivo, es necesario que primero reconozca que el juego es cualquier momento en que una persona pone algo de valor (dinero, posesiones, orgullo o prestigio) en riesgo en un resultado incierto. El juego compulsivo es cuando una persona continúa participando en actividades de juego a pesar de las consecuencias adversas.
Se refiere al juego compulsivo como la “adicción invisible” ya que no hay síntomas físicos o visibles. No hay señales en el aliento, no se tropieza al caminar ni arrastra las palabras.
Los efectos del juego compulsivo pueden ser tan devastadores como la adicción al alcohol o las drogas, y puede llevar a la destrucción tanto financiera como personal. Contrario al alcohol o las drogas, este desorden no tiene un punto de saturación, y las personas pueden continuar el comportamiento mientras le dure el dinero o el crédito.
La Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés) define el juego patológico o compulsivo (ludopatía) como un desorden de salud mental de control de los impulsos. La APA delinea los siguientes 10 criterios que sirven como base para el diagnóstico:
Piensa constantemente en el juego
Aumenta las apuestas para mantener la emoción
Muestra agitación al jugar menos
Juego para escaparse
Va tras las pérdidas
Miente para esconder su actividad
Financia sus apuestas a través de actos ilegales
Perjudica relaciones significativas
Depende de rescates financieros
Falla en su esfuerzo de controlar o parar de jugar
El juego compulsivo es un desorden progresivo. Uno o dos criterios clasifica a una persona como estar “en riesgo,” de tres a cuatro como un “jugador problemático,” y cinco o más cumple el diagnostico de “patológico” o “compulsivo”.